Querida abuela: espero que cuando recibas estas letras te
encuentres tan bien como yo. Y que puedas venir a verme, pues
creo que voy a quedarme aquí. Porque ahora tengo un padre, no
importa que sea casi viejo. No me pega. Tampoco me hace mucho
caso, pero mi madre está contenta y ya no es soltera. Voy a la
escuela, y si me aprieta el calzado me compran otro.
También ropa nueva si se me queda la vieja pequeña. Además, ya
no voy al campo a trabajar, ni con las vacas. Dice mi madre que si
sirvo para ello me darán estudios, así que, como dice la maestra, me
aplico.
La casa en que vivimos es la mayor del pueblo. En fin, aquí... la
vida es mejor que ahí, aunque te echo de menos. Pero ahora...
comemos bien, vivimos bien. ¡Somos ricos!
(Del relato “La riqueza de cada cual”, del libro
PLACERES RECUPERADOS)
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