Sucede que el tiempo se detiene en una sombra
y obliga al intruso a vagar por ella, a vivir en ella,
a permanecer en sus entrañas.
Entonces, la luz se traslada
de segundo y de mañana,
de continente, de planeta, de mirada,
y, somos
un verso apócrifo, una materia
impenitente en medio de la casa
en que vivimos, del sueño que tenemos,
de aquella infancia lejana,
de ese futuro por llegar.
Ocurre que el tiempo de detiene en una sombra
y sólo somos el eclipse de un poema.
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