DECEPCIONADOS por Manuel Quiroga Clérigo





            En un libro titulado “Decepción”, que lleva por subtítulo “Enmienda a la totalidad” (El País/Aguilar) Félix Grande evoca algunos pasajes de su  vida de escritor y de los amigos que se van quedando en el camino. Hay dos muy delicadas referencias al poeta granadino Luis Rosales (“… a quién querré mientras viva”), de cuyo nacimiento se cumplen ahora cien años, y a su amigo Jaime Dávalos quien, según Félix Grande, prefería una botella de buen vino a todos los refrescos que se le ofrecieran, pese a la debilidad de su corazón, y cuyo automóvil dicen que sigue recorriendo, sin conductor, las tierras argentinas de Rosario a Buenos Aires, o los  espacios de La Pampa, llevando a las gentes un mensaje de esperanza y de alegría. Las mujeres sonríen a su paso y los hombres saludan con  emoción ese deambular.
          El poeta  nos lleva a los universos de la vida, el dolor y  los sufrimientos, con el énfasis y la decisión de quien durante tantos años viene luchando contra la violencia ejercida desde el  poder o por sus  semejantes. En “Por ejemplo  doscientas”,  que eran las bombas que  De Gaulle prometía enviar a no sé dónde, Grande habla de la crueldad de quien no comprende que el verdadero amor es la base para una convivencia armónica. La decepción que produce la actuación de los políticos, de gente llamada religiosa u otras personas, donde se cuentan criminales sin redención que maltratan o asesinan a sus compañeras, conductores que se dan a la fuga cuando atropellan a alguien, empresarios crueles que sólo buscan su beneficio,  es tan grande que nos parece  un pecado vivir en ese mundo de insensatez y violencia. La decepción ante un lugar tan deshumanizado como el mundo real apenas nos permite tener ganas de despertarnos cada mañana y mirar a quienes encontramos frente a nosotros. Y así día tras día.



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