Lo supe desde niña.
Odiaba aquellas trenzas
y aquel vestido rosa.
Me resultaba inútil y aburrido
guardar la compostura,
parecer de cristal
y cumplir esas normas
tan propias de mi sexo.
Algunas madrugadas
trepaba hasta la copa de los árboles
y hablaba con mis gatos
de lo guapa que era Marisol.
Me gustaba mirar aquellas piernas
e imaginar, debajo de su falda,
un mundo diferente.
Aprovecho la ocasión de transmitirte algo que hace tiempo deseaba hacer. Enrique Gracia me habló de ti y leí tu libro, Coma Idílico (increíblemente tengo este juego de palabras escrito en mi libro Inclemencias de un cardo borriquero; coincidencias telepáticas) y me pareció excelente.
ResponderEliminarMuchas felicitaciones
Encantado de leerte, medio-paisana.
ResponderEliminarMe encanta tu poesía. Enhorabuena.
Yo también imaginaba un mundo diferente subida en la rama, más alta, de la acacia que habia en la puerta de mi casa; y aún lo sigo esperando. A veces navegando entre las nubes, y otras con los pies sobre la tierra.
ResponderEliminarMe ha encantado el poema. FELICIDADES.