SÉ QUE NO me esperabas.
Llegué de contrabando hasta tu vida;
y para asombro mutuo, sigo en ella.
Vamos robando al tiempo,
como si fuese un árbol,
cada día una fruta;
y saltamos radiantes, decididas,
el muro que lo cerca.
Muerdo esas dulces horas a tu lado
casi con devoción, son un manjar
del que nunca me sacio.
Un hermnoso poema, sincero y lleno de encanto. Soledad
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