Nada volvió a ser igual. Caminábamos por la ciudad, atravesados por reincidencias últimas, henchidos de solidez rampante, testigos fieles de alguna verdad sin remedio.
Volvimos a situar el horizonte a ras de suelo, pegado al corazón de la tierra, enfebrecidos entre cábalas nocturnas, equilibrios de fingido estoicismo, decididos a resucitar el corazón. Después, la noche recuperó su luz.
Ven, cuéntame todo..., decías, mientras tus ojos recorrían las velocidades del tiempo.
Y aquí seguimos, prendidos del borde inexacto de la piel, entre voraces labios, exquisitas maneras del perdón. Aquí, sublimando espectros en el envés de aquel instante, certera imprecisión de cálculo anodino. Tras la barbarie y sus despojos, cristales de viento en la mirada, inspecciones de rutina antes de dormir y la seguridad de volar, siempre, a ras del alma.
Pues eso me ha pasado a mi, Carmen, que este trabajo tuyo me llega en la noche, y, como tú dices, me hace recuperar la luz. La Literatura debe iluminar nuestro interior y empujar el conocimiento y la emoción. Si se combinan ambos es mejor. Despuès del primer poema las sensaciones que describes nos desbordan. Porque el primer poema - a veces sin rima, incluso sin ritmo - es la vida misma. Gracias porque, aunque tarde, estás con nosotros. Tú no debías ni podías faltar. Buena poeta, editora y comunicadora, desearía que sigas con nosotros en la expansión y viaje por el mundo de Netwriters.
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